Bergen, 01 junio 2007

Una noche de cuatro horas, I

En algún momento, me descubrí rodeado de flores hermosas, rosas y blancas, con forma de campana. Fue poco después de descubrir que las babosas son pegajosas sólo al pincipio: si las sigues tocando, se convierten en resbaladizas. Las flores me rodeaban, brillando como nunca; me daba la sensación de que me miraban. Estoy convencido de que no me hablaban todavía porque estaban esperando a que me acostumbrara a entenderlas, o quizás poniéndome a prueba. Supongo que sabían que todavía no estaba preparado, no había llegado el momento. Sin embargo, ya sentía un deseo imperioso, casi una necesidad, de comunicarle al mundo que esas flores estaban ahí, y que eran hermosas.

Y entonces le ví.

Un caracolito amarillo con su redondeada apariencia y sus pacíficos quehaceres descansando en una flor blanca, dentro. Y descubrí en cuestión de segundos que había más, cada uno en su flor, iluminados por la ténue y rojiza luz de las farolas. Fui obligado a desplazarme de allí, así que tomé la flor con ese caracol, y caminé hasta el fiordo. Pero cuando el caracolillo comenzó a trepar por mi mano entendí que debía devolverle a su hogar. Se convirtió en algo de lo que me sentía completamente responsable. Yo había arrancado ese caracol del lugar del que pertenecía y debía cumplir mi misión. Devolverle cuanto antes y sin que sufriera ningún daño.

Aprovechando un momento en el que las miradas se distraían en el aroma del verdor y el mar, comenzé a correr con el caracolito en la mano. A los pocos metros me escurrí en el césped y caí violentamente contra el camino empedrado. Me golpeé el codo y la muñeca muy fuerte, pero el caracol estaba intacto, protegido por mis manos. Me puse en pie de inmediato y seguí corriendo tan rápido como me era posible. Sentía que debía darme prisa. El camino y los alrededores se movían hacia atrás, como en una película de cine de la que yo era protagonista. La muñeca no me dolía entonces, y no se me pasó por la cabeza que mi muñeca sería responsable de una pesadilla esa misma noche.

Completamente exhausto, respirando con la boca abierta y sientiendo que el corazón iba a estallar dentro de mí, ayudé al coracol delicadamente para que se subiera a una florecilla. Tuve bien cuidado de que la flor no estuviese ocupada por algún otro. Probablemente fue en ese momento cuando las plantas empezaron a intentar hablarme. Me gusta pensar que me esperaban, que estaban aguardando ese momento, en el que les devolviera el caracol, aunque no estoy seguro. Me senté en el suelo húmedo y comencé a sentir que estaba con ellas, con las plantas, con las flores, en comunión con la Vida.

Me dí cuenta de la fuerza de la Vida como tal, como una gran masa verde que se mueve alrededor de la Tierra, cambia de forma y sigue adelante siempre, pase lo que pase. Tras esa primera toma de contacto con el mundo real, me puse en pie y andé unos metros hacia otro grupo de flores, al otro lado del camino. Las flores blancas y rosas salían de matas diferentes y a pesar de que algunas de ellas casi se besaban, permanecían con colores diferentes. ¿Cómo era posible? Pensé en Mendel y en cómo se mantiene la variabilidad genética, pero no me explicaba el porqué. Porqué la Vida no se mezcla en una masa homogénea, ¿por qué demonios no se amalgama todo siguiendo las leyes de la termodinámica? Y tuve mi primera revelación.

La diferencia es inherente a la Vida, casi la define. La diversidad es una carácterística necesaria para que la Vida en sí funcione, siga adelante. Es la única manera en la que los seres vivos existan en un lugar cerrado como la Tierra.

Absolutamente desbordado, no tanto por el hecho de que fuesen ellas, las plantas, las que me comunicaran la Verdad, sino por haber comprendido por fin lo que sabía que era la respuesta a la gran pregunta, comencé a caminar hacia el castillo iluminado que se alzaba en la cima de la colina. Me sentía conocedor de el secreto de la Vida y, por ello, completamente parte integrante del mundo de las plantas. No era una de ellas, pero había aprovechado de alguna forma un camino hacia esa dimensión y era capaz de entenderlas.

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2 Comentarios:

A las 6/02/2007 01:30:00 a. m., Anonymous Jerontosaurus ha dicho...

Quería sólo anotar que me parece curioso pero no casual el hecho de que éste post esté etiquetado dentro de "Viajes" entre otras categorías.

Muchos besos NorueGon*




*si esa broma no se te había ocurrido antes a tí, la reivindico.

 
A las 6/02/2007 06:37:00 p. m., Blogger Gon ha dicho...

;)

 

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